Corrigé espagnol concours commun IEP 2018

CORRIGÉ ESPAGNOL CONCOURS COMMUN

Notre professeur Hélène Bénard nous propose un corrigé de l’épreuve d’espagnol du concours commun d’entrée en 1ere année des IEP 2018. Le texte, comme très souvent, était tiré d’El pais. Cette année, les concepteurs du sujet d’espagnol ont souhaité nous surprendre en proposant un thème d’actualité international inédit. Bien nous en a pris d’évoquer le thème de la post-vérité, de la montée des nouveaux populismes cette année à la prépa au sujet, notamment, de la Catalogne ! L’analyse contradictoire du traitement de l’information par les journalistes castillans et catalans a fait débat en cours. Débat naturellement alimenté par les différentes sources auxquelles les étudiants et moi-même avions accès.

C’est bien là où le bât blesse dans la source sélectionnée. L’information capitale nécessaire à la lecture et à la compréhension de ce texte a été, inexplicablement, occultée au candidat : la profession de son auteur, comme vous le constaterez dans le texte intégral. Luis Garicano est professeur d’économie et de stratégie d’entreprise, et surtout, membre du parti politique espagnol centriste, « Ciudadanos », qui se définit comme constitutionnaliste, progressiste et libéral. Pour mieux cerner le contexte de cette publication, à la fin de l’année 2017, ce parti a fait l’objet d’attaques violentes sur les réseaux sociaux. Plus récemment, ses membres ont émis une proposition de loi au Parlement afin de renforcer les moyens matériels et humains, pour lutter contre les campagnes de désinformation circulant sur Internet.

 

Cette « Tribune Libre », qui orientait le candidat vers la lecture d’un article d’opinion, commence par une interprétation erronée de l’auteur d’une expression, traduite de l’anglais. Je cite dans le texte « la difusión de los bulos (o fake news) ». L’auteur confond le terme castillan de « bulo », traduit en français par « canular » ou « fausse nouvelle », en anglais « hoax », et l’expression « fake news » concept anglo-saxon lié au phénomène de post-vérité, néologisme qui décrit la distorsion délibérée d’une réalité dans l’objectif de manipuler émotionnellement l’opinion publique. De fait, la première question de compréhension pouvait prêter à confusion.

D’autre part, la conception d’un support de concours ou d’examen impose aux concepteurs de limiter la longueur du texte source. Or, de trop nombreuses coupures, parfois non signalées, non seulement mutilent le texte de l’auteur, mais qui plus est, peuvent soustraire des informations précieuses pour les questions de compréhension. Le texte intégral publié ici rétablit en rouge les phrases coupées.

Au final, la thématique du texte invitait les candidats à réfléchir sur les relations entre la politique et la communication et à s’exprimer sur le débat actuel de l’impunité des applications gérant un réseau social. De fait, les exercices ne posaient pas de difficulté majeure puisqu’il s’agissait, avant tout, de prendre position sur un débat de société.

Ce corrigé est publié afin d’aider les futures candidats à mieux appréhender l’épreuve, et à permettre à ceux qui l’ont passé cette année d’avoir peut être une idée plus précise de ce qui était susceptible d’être demandé.

TEXTE INTEGRAL

Bulos en las redes sociales: ¿debemos regular los algoritmos?

Luis Garicano, El País, 19/01/2018

La preocupación de las sociedades occidentales por la difusión de bulos (o fake news) por las redes sociales se disparó tras la elección hace un año de Donald Trump. Descubrimos con asombro que un millón de americanos vieron la noticia falsa en Facebook de que el Papa Francisco había apoyado la candidatura de Trump y que otro millón vio la noticia de que Trump había prestado su avión privado para rescatar a unos marines. Historias absurdas e inverosímiles adquirieron enorme eco, como que la campaña de Hillary Clinton encubría una red de “trata de blancas” centrada en una pizzería de Washington. (…)

Los 20 bulos con mayor difusión (todos menos tres, pro Trump) tuvieron más impacto que las 20 noticias de mayor calado de los medios tradicionales. A menor escala, algo similar ha sucedido en la campaña del Brexit o en la del referéndum catalán del 1-O.

Al principio, las redes sociales, Facebook y Twitter principalmente, respondieron al interés de los políticos en los bulos centrando la atención de las investigaciones en los anuncios pagados. Facebook inicialmente explicó que solo hubo 3.000 anuncios falsos en la campaña americana, por un coste total de 100.000 dólares. [coupure non indiquée]

Es conveniente para Facebook, Twitter y Google hablar solo de anuncios, un aspecto relativamente fácil de tratar, porque desvía la atención del enorme problema que solo ahora empezamos a entender: el modelo de negocio de estos gigantes, que controlan entre ellos el 95% de la publicidad online del mundo, tiene un grave fallo de base: la información falsa se expande a enorme velocidad a través de cuentas ficticias y campañas “orgánicas” (no pagadas) y este fenómeno es mucho más significativo que los anuncios. En realidad, los anuncios son solo la punta del iceberg.

Por eso el Parlamento británico ha exigido a Facebook una nueva investigación, más allá de la publicidad, del impacto de la interferencia rusa en la propagación de bulos a través de la red social en el referéndum del Brexit, petición a la que Facebook accedió el pasado miércoles. Por su parte, el Congreso y Senado americanos han abierto varias investigaciones sobre el impacto de estas campañas de desinformación y el papel de Rusia en ellas, incluyendo en el referéndum del 1-0 de Cataluña. El Congreso americano ha dejado claro a Facebook, a Twitter y a Google que no tolerará que traten de restringir las investigaciones a los anuncios. Los legisladores quieren entender cómo la información falsa y maligna se propaga con facilidad por las redes para decidir cómo regular su funcionamiento.

Para entender esta propagación, es crucial entender los incentivos de los ingenieros y ejecutivos de Facebook, Twitter o Google: se trata de vender publicidad, y para ello es necesario que pasemos mucho tiempo enganchados en sus redes. Nosotros no somos sus clientes, al contrario: nuestra atención es el producto que ellos cosechan, y luego tratan de vender a los anunciantes, sus clientes. Como dice el dicho, “si no pagas, no eres el cliente, eres el producto”. Los algoritmos que diseñan nos observan, aprenden nuestras preferencias, y se van adaptando a ellas. El ingeniero que progresa es el que formula algoritmos para que las noticias, los vídeos, las fotos que alguien cuelga se extiendan más y mejor por la red, para que se hagan virales, las leamos, las compartamos, las discutamos.

En parte, este esfuerzo por maximizar el interés es positivo para nosotros, los usuarios. Si soy fan del Betis, me enseñarán noticias sobre el Betis, y esto me satisface. Pero hemos descubierto que también tiene un lado muy oscuro. El trabajo que investiga este lado oscuro tuvo su origen en un grupo de activistas que llevan años indagando en la propagación de bulos por Internet. Su historia nos sirve para entender el problema al que nos enfrentamos.

La pionera de estos activistas se llama Renee DiResta y es directora de marketing de una empresa. Descubrió el poder de los bulos por casualidad, de una forma que nos resultará familiar: los bulos sobre las vacunas. Cuando nació su hijo, estudiando sobre vacunaciones, descubrió que tras entrar de forma casual en los sitios de los chiflados de las conspiraciones anti-vacunas, Facebook la “empujaba” a leer otras historias de otros anti-vacunas. El universo se ampliaba siempre en la misma dirección. (…) Cuantos más chiflados leía, más se le presentaban, en un universo homogéneo de (si me permiten) idiotez auto-confirmada por las historias conspirativas de los demás.

No solo eso. Cuando el algoritmo descubrió que ella era sensible a las teorías conspiratorias de los antivacunas, Facebook le presentaba nuevas teorías conspiratorias en otras áreas—gente que cree, por ejemplo, que las nubes blancas que dejan los aviones en el cielo son esprays químicos para manipularnos. Gente que en el pasado sería el “tonto del pueblo” en la esquina de un bar contando sus alucinaciones, ignorado por todos, y que ahora encuentra un público similar a él o ella y dispuesto a colaborar en extender estas noticias—. (…)

Noten que no se trata de que alguien en Facebook publique noticias falsas, o quiera que leamos noticias falsas. Simplemente el mismo algoritmo que “aprende” que nos gusta el Betis, aprende que las historias raras que cuenta X nos gustan, y nos busca otras similares. La desinformación, las noticias falsas peligrosas, se extienden de persona a persona. No hace falta que un gobierno malvado nos manipule, porque si creemos en los ovnis, veremos historias sobre gente que vio ovnis, o, por dar un ejemplo más cercano a casa, si creemos que España es un Estado represor parecido a Turquía, nos presentarán otras historias de otros chiflados que crean lo mismo, hasta que vivamos en un burbuja de falsedades.

Facebook, o Twitter, nos dirán “es el problema de nuestros usuarios si buscan historias falsas, no nuestro. Nosotros somos una empresa de tecnología y solo facilitamos que la gente se comunique con quien quiera, no somos un medio de comunicación”.

Pero esto no es correcto. El algoritmo no distingue verdadero o falso, y nos presenta lo falso como verdadero, porque está diseñado con un objetivo, y solo con un objetivo: maximizar el impacto, la viralidad. Si el algoritmo buscara otras cosas (por ejemplo, balancear el impacto con la veracidad) nos presentaría otras noticias. [coupure non indiquée]

Revertir esta situación nos exige poner fin a la impunidad de estas redes sociales. Las sociedades occidentales deben dejar claro que son responsables de las noticias que sus algoritmos propagan y dan relevancia las redes propietarias de estos algoritmos. (…)

Cuanto antes se convenzan Facebook, Twitter, Google y el resto de que no son empresas tecnológicas, sino editores y medios, y por tanto responsables del contenido que propagan, antes conseguiremos recuperar una visión positiva y optimista del papel de Facebook, Google y Twitter.

Luis Garicano es Profesor de Economía y Estrategia en el IE Business School y responsable de economía y empleo de Ciudadanos.

 

 

PROPOSITION DE CORRIGÉ

 

I- comprensión escrita (8 puntos)

Conteste las siguientes preguntas con sus propias palabras y justifique brevemente.

  1. Defina los bulos o falsas noticias (1 punto)

Este término significa el intento de desinformar, de hacer creer a un grupo de personas que algo falso es real de manera atrayente, como por ejemplo falacias sobre personas, instituciones, empresas, leyendas urbanas, etc. Tiene como objetivo de engañar de manera masiva por medios electrónicos, especialmente Internet. En la actualidad, se difunde en los foros, en las redes sociales y en los correos electrónicos sin, necesariamente, tener un fin lucrativo.

  1. ¿En qué contexto ha surgido la preocupación por la difusión masiva de este tipo de informaciones? ¿Qué acciones han emprendido los poderes públicos? (3 puntos)

Las noticias falsas no son una novedad, siempre han existido. Hoy en día, juegan un papel mayor porque se difunden mucho más rápido gracias a las redes sociales. Desde las elecciones presidenciales norteamericanas del 2017, y en menor medida en la campaña del Brexit o durante el referéndum catalán del 1-O, los bulos se han vuelto un tema candente de actualidad política. Se debate sobre cómo han podido afectar los bulos en las votaciones, cuánto han podido influir en los ciudadanos. Es bien conocida la posible interferencia rusa a través de estos medios. Ahora bien, los diputados y senadores de habla inglesa se vieron obligados a implementar pesquisas y una activa reflexión contra las injerencias de las redes en los procesos políticos democráticos después de constatar la diseminación de noticias falsas y propaganda. Por ahora, no hay propuestas legislativas concretas.

  1. ¿Cómo se explica la propagación de tales contenidos y cuáles son las consecuencias para los usuarios de las redes y sitios mencionados? (3 puntos)

Las redes sociales, por su inmediatez, proporcionan muchas posibilidades, algunas constructivas y buenas, otras mucho menos constructivas y no tan buenas. Tras los bulos, hay intereses económicos, pues se propagan en páginas que buscan ingresos publicitarios gracias a los clics de los usuarios. Cuantas más visitas, más crecen los ingresos, sin importar la veracidad. El problema de muchos bulos es que conducen a páginas que piden ingresar los datos personales. Por otra parte, las aplicaciones no pueden filtrar todos los contenidos falsos o peligrosos para eliminarlos. Por lo que entra en juego el sentido común de cada usuario. Las falsas noticias tienen una cuota de credibilidad, que es el anzuelo en el que muerden los desprevenidos. Si no se pone atención a la dinámica de las falsas noticias, uno corre el riesgo de ser la próxima víctima de la irresponsabilidad en el uso de las redes sociales.

 

  1. Qué les reprocha Luis Garicano a estas empresas? (1 punto)

No cabe la menor duda de que Internet y las redes sociales dejan a los usuarios demasiado expuestos ante el “Gran Hermano”. Cuando todo apunta que nada va a cambiar, es importante destacar la impunidad de las propias plataformas. Esta actitud pasiva de cara a la Justicia le achaca al usuario la responsabilidad total. En realidad, los GAFA deberían mostrar mucho más compromiso para atender las denuncias de los Internautas en sus plataformas con el objetivo de que cambien una imagen tachada.

 

II- Sinónimos (4 puntos)

  1. Estupefacción: asombro
  2. Salvar: rescatar
  3. Oportuno: conveniente
  4. Recoger: cosechar
  5. Investigar: indagar
  6. Azaroso: casual
  7. Ámbitos: áreas
  8. Importancia: relevancia

III- Expresión escrita (8 puntos)

Plantea la posibilidad Luis Garicano de regular los algoritmos o más bien sancionar a los que considera responsables de la difusión masiva de los bulos. ¿Le parece acertado?

Exponga de manera estructurada y argumentada su propia reflexión sobre el tema. 300 palabras (+/- 10%)

Internet ha propiciado una nueva convivencia universalizada. Cualquier noticia en tiempo real, investigación científica, relaciones interpersonales, cultura, significan nuevas pautas de comportamiento humano en nuestras sociedades modernas. Sin embargo, esta revolución digital es un terreno peliagudo, peligroso y con tantas implicaciones y efectos que se pone en tela de juicio su impunidad y su regulación.

Varios acontecimientos recientes han planteado este debate. Se podría decir que todos tienen una cosa en común. La de no haber puesto límites a lo que uno puede hacer y lo que no puede hacer en las redes sociales: la publicidad política, el linchamiento público, la propaganda terrorista, la posverdad en tiempos de nuevos populismos. Otros tantos temas estrechamente vinculados con las falsas noticias y la desinformación que sería urgente acabar cuanto antes por el bien de nuestras democracias, como bien demuestran los escándalos que Facebook ha protagonizado en los últimos tiempos.

En 2022, se supone que la mayoría de los habitantes de las principales economías del mundo consumirán más noticias falsas que reales en tal medida que sobrepasará la capacidad de la inteligencia artificial para detectarlos. Las acciones implementadas por España, Alemania, Italia y Francia para establecer marcos jurídicos son escasas e ineficientes. El 3 de enero de 2018, Emmanuel Macron anunció sine die una ley para controlar la propagación de noticias falsas por parte de entidades extranjeras pero exclusivamente en períodos electorales. En cuanto a la Comisión Europea, descarta legislar contra los bulos confiando en programas educativos y la autorregulación en las redes sociales por temor de que se perciba que están intentando decidir con una ley qué información es real y cuál no.

Es necesario que el derecho regule la realidad social fruto de las tecnologías de la comunicación. Por ahora, los gobiernos están exigiendo que las redes sean las que hagan de filtro ante las noticias falsas. Ahí es donde entra el gran problema. Los legisladores dan carta blanca a que los GAFA controlen el flujo de información recibida para detener la difusión de bulos. Es difícilmente aceptable desde la perspectiva de un régimen de convivencia democrático.

346 PALABRAS

 

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